El problema está
en que no sabemos querer sin peros,
sin más,
con mucho menos,
amar;
sin condiciones ni razones.
El problema está
en que buscamos príncipes azules
y ni azules,
ni magenta,
ni princesas de cristal,
sólo personas imperfectas
que no saben amar.
El problema está en nosotros,
no en los demás.
El problema está
en que no sabemos querer sin peros,
sin más,
con mucho menos,
amar.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Podría
Podría escribir sobre Madrid,
sobre Nueva York
o sobre cualquiera de esas ciudades de cielo de hormigón.
Podría escribir sobre el Taj Mahal
o sobre cualquiera de las otras 6 maravillas del mundo.
También lo podría hacer sobre la guerra,
pero prefiero hablar del amor,
que al igual que en ella todo vale.
Y podría hacer cualquier gilipollez
para demostrarte lo que vale el amor
y lo bonito que es estar enamorado de ti.
sobre Nueva York
o sobre cualquiera de esas ciudades de cielo de hormigón.
Podría escribir sobre el Taj Mahal
o sobre cualquiera de las otras 6 maravillas del mundo.
También lo podría hacer sobre la guerra,
pero prefiero hablar del amor,
que al igual que en ella todo vale.
Y podría hacer cualquier gilipollez
para demostrarte lo que vale el amor
y lo bonito que es estar enamorado de ti.
domingo, 16 de marzo de 2014
Un bonito recuerdo
Dejarme guiar por la nostalgia
hacia el bonito recuerdo de ti,
de un pasado "tú y yo",
con un futuro "nosotros"
perdido en el infinito de nuestra imaginación.
Y sí,
quizá opte por volar en el cielo que me prometías;
por flotar entre tus mentiras camufladas por las nubes,
esperando que me bajaras la luna
o alguna estrella que te llegara a la suela de los zapatos.
Pero por esperar estrellas
acabamos estrellados;
y algo así es lo que me pasó contigo:
esperé la luna
y acabé lunática.
Locura procedente de tu sonrisa,
de tus besos
y de tus dulces palabras.
Y en este caso
el dulce si amargó a alguien,
que prefería flores a chocolate
y decidió que era mejor volver a tierra firme
antes de caer
de la cuerda floja de su frágil corazón.
hacia el bonito recuerdo de ti,
de un pasado "tú y yo",
con un futuro "nosotros"
perdido en el infinito de nuestra imaginación.
Y sí,
quizá opte por volar en el cielo que me prometías;
por flotar entre tus mentiras camufladas por las nubes,
esperando que me bajaras la luna
o alguna estrella que te llegara a la suela de los zapatos.
Pero por esperar estrellas
acabamos estrellados;
y algo así es lo que me pasó contigo:
esperé la luna
y acabé lunática.
Locura procedente de tu sonrisa,
de tus besos
y de tus dulces palabras.
Y en este caso
el dulce si amargó a alguien,
que prefería flores a chocolate
y decidió que era mejor volver a tierra firme
antes de caer
de la cuerda floja de su frágil corazón.
viernes, 20 de diciembre de 2013
He perdido la esperanza
He perdido la esperanza en el amor y en la amistad. En la humanidad, básicamente. En los para siempre que se acaban convirtiendo en hasta nunca y los hasta nunca que hacemos lo posible porque duren para siempre.
He perdido la esperanza en la vida porque para ello se necesita un motivo y el de ser feliz es demasiado utópico para la mierda del mundo.
He perdido la esperanza en el mundo porque ni él mismo es capaz de sostenerse.
Y si la esperanza es lo último que se pierde... entonces puedo perder ya la vida.
He perdido la esperanza en la vida porque para ello se necesita un motivo y el de ser feliz es demasiado utópico para la mierda del mundo.
He perdido la esperanza en el mundo porque ni él mismo es capaz de sostenerse.
Y si la esperanza es lo último que se pierde... entonces puedo perder ya la vida.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Otoño
Comienza el otoño y con el los madrugones para ir a clase que se hacen menos llevaderos sin tus buenos días.
Y los domingos que odiamos porque conectan con los lunes.
Y los lunes odiosos con los que empieza la semana.
Y con la semana la rutina mas dañina, la de no tenerte.
Y la caída de las hojas o la caída de ese "nosotros" que se empatiza con ellas.
Llega el frio y los abrigos porque no tengo tus abrazos.
Y llegará el puto invierno: las heladas (y no helados). El tiempo gélido como mi corazón. Los guantes y el guantazo de los niños cuando les dicen que no existen los reyes.
Y yo reina sin mi rey porque te llevaste mi corona.
Y podría seguir escribiendo sobre cosas que me recuerdan a ti porque todo me recuerda a tu sonrisa o mejor dicho, a tu forma de hacerme sonreír. Podría seguir diciéndote que me faltas o decirlo más bonito con un "te echo de menos". Podría seguir escribiendo sobre todas y cada una de las estaciones; sobre como el verano me recuerda a cuando hacíamos el amor (o la guerra) o como la primavera me recuerda al olor de tu perfume en mi ropa. Podría decir tantas cosas... Pero todos los caminos llevan a Roma y mi Roma (o mi ruina) es quererte.
Y los domingos que odiamos porque conectan con los lunes.
Y los lunes odiosos con los que empieza la semana.
Y con la semana la rutina mas dañina, la de no tenerte.
Y la caída de las hojas o la caída de ese "nosotros" que se empatiza con ellas.
Llega el frio y los abrigos porque no tengo tus abrazos.
Y llegará el puto invierno: las heladas (y no helados). El tiempo gélido como mi corazón. Los guantes y el guantazo de los niños cuando les dicen que no existen los reyes.
Y yo reina sin mi rey porque te llevaste mi corona.
Y podría seguir escribiendo sobre cosas que me recuerdan a ti porque todo me recuerda a tu sonrisa o mejor dicho, a tu forma de hacerme sonreír. Podría seguir diciéndote que me faltas o decirlo más bonito con un "te echo de menos". Podría seguir escribiendo sobre todas y cada una de las estaciones; sobre como el verano me recuerda a cuando hacíamos el amor (o la guerra) o como la primavera me recuerda al olor de tu perfume en mi ropa. Podría decir tantas cosas... Pero todos los caminos llevan a Roma y mi Roma (o mi ruina) es quererte.
sábado, 13 de julio de 2013
Son cosas que pasan y se pasan mal.
Esta vez el adiós no se puede disfrazar de un hasta luego; es más, ni siquiera te dio tiempo a decir adiós.
Sabías que quedaba poco tiempo, pero no que fuera tan escaso.
El tiempo es nuestro enemigo, es tan odioso como un despertador; al fin y al cabo tienen una función parecida: uno nos despierta de los sueños que tenemos en vida y el otro de la vida que también es sueño aunque a veces se disfrace de pesadilla. Sin embargo, los despertadores se paran y el tiempo, por desgracia, no. Un día llega nuestro momento y todo a nuestro alrededor se desvanece. Y nos sentimos culpables, de desaparecer sin despedidas y convertir los ojos en vidrio de nuestros seres más queridos.
Sólo esperamos que sean fuertes y superen todo esto lo más pronto posible porque el tiempo sigue corriendo; y así de rápido pasan los trenes (y con ellos las oportunidades) y quien sabe, quizá en uno de ellos esté la de ser feliz.
Sabías que quedaba poco tiempo, pero no que fuera tan escaso.
El tiempo es nuestro enemigo, es tan odioso como un despertador; al fin y al cabo tienen una función parecida: uno nos despierta de los sueños que tenemos en vida y el otro de la vida que también es sueño aunque a veces se disfrace de pesadilla. Sin embargo, los despertadores se paran y el tiempo, por desgracia, no. Un día llega nuestro momento y todo a nuestro alrededor se desvanece. Y nos sentimos culpables, de desaparecer sin despedidas y convertir los ojos en vidrio de nuestros seres más queridos.
Sólo esperamos que sean fuertes y superen todo esto lo más pronto posible porque el tiempo sigue corriendo; y así de rápido pasan los trenes (y con ellos las oportunidades) y quien sabe, quizá en uno de ellos esté la de ser feliz.
domingo, 14 de abril de 2013
A veces pasa,
pasa que aparece una persona que ni te llama la atención ni mucho menos piensas que vas a acabar sintiendo algo tan grande por ella. Entonces ocurre, día a día aceptas sus defectos, le crees perfecto precisamente por todas esas imperfecciones que has sabido aceptar.
Después te das cuenta de que estas enamorada, hasta las trancas. Te das cuenta de que estás metida hasta el cuello en una piscina de amor y que o sales y saltas desde el trampolín para comprobar que hay agua o sigues nadando.
Nadas, pero te cansas.
Quieres saltar, pero sabes que no hay el agua suficiente como para amortiguar el golpe y la hostia contra el suelo puede ser tremenda.
Entonces decides seguir ahí, estancada, en algo que no te va a llevar a más.
Después te das cuenta de que estas enamorada, hasta las trancas. Te das cuenta de que estás metida hasta el cuello en una piscina de amor y que o sales y saltas desde el trampolín para comprobar que hay agua o sigues nadando.
Nadas, pero te cansas.
Quieres saltar, pero sabes que no hay el agua suficiente como para amortiguar el golpe y la hostia contra el suelo puede ser tremenda.
Entonces decides seguir ahí, estancada, en algo que no te va a llevar a más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)