Comienza el otoño y con el los madrugones para ir a clase que se hacen menos llevaderos sin tus buenos días.
Y los domingos que odiamos porque conectan con los lunes.
Y los lunes odiosos con los que empieza la semana.
Y con la semana la rutina mas dañina, la de no tenerte.
Y la caída de las hojas o la caída de ese "nosotros" que se empatiza con ellas.
Llega el frio y los abrigos porque no tengo tus abrazos.
Y llegará el puto invierno: las heladas (y no helados). El tiempo gélido como mi corazón. Los guantes y el guantazo de los niños cuando les dicen que no existen los reyes.
Y yo reina sin mi rey porque te llevaste mi corona.
Y podría seguir escribiendo sobre cosas que me recuerdan a ti porque todo me recuerda a tu sonrisa o mejor dicho, a tu forma de hacerme sonreír. Podría seguir diciéndote que me faltas o decirlo más bonito con un "te echo de menos". Podría seguir escribiendo sobre todas y cada una de las estaciones; sobre como el verano me recuerda a cuando hacíamos el amor (o la guerra) o como la primavera me recuerda al olor de tu perfume en mi ropa. Podría decir tantas cosas... Pero todos los caminos llevan a Roma y mi Roma (o mi ruina) es quererte.
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