He pedido auxilio a gritos
y nadie ha entendido mis silencios.
Vuelve la misma pregunta:
¿Si desapareciera?
Nada.
Otra vez la decisión en mis manos
y yo en pausa,
repitiéndome: "es de cobardes".
Pero he desperdiciado todo mi valor
en abrir la puerta y dejar que entraras.
Aquí estoy
de nuevo sin nada.