domingo, 14 de abril de 2013

A veces pasa,

pasa que aparece una persona que ni te llama la atención ni mucho menos piensas que vas a acabar sintiendo algo tan grande por ella. Entonces ocurre, día a día aceptas sus defectos, le crees perfecto precisamente por todas esas imperfecciones que has sabido aceptar. 
Después te das cuenta de que estas enamorada, hasta las trancas. Te das cuenta de que estás metida hasta el cuello en una piscina de amor y que o sales y saltas desde el trampolín para comprobar que hay agua o sigues nadando. 
Nadas, pero te cansas.
Quieres saltar, pero sabes que no hay el agua suficiente como para amortiguar el golpe y la hostia contra el suelo puede ser tremenda. 
Entonces decides seguir ahí, estancada, en algo que no te va a llevar a más.


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